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Dolor articular

Dolor articular

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¿Qué es?

El dolor articular o artralgia es el dolor debido a la mala función de la articulación. La articulación es la bisagra que permite el movimiento en el cuerpo humano y no es infrecuente que debido al desgaste y sobreúso se vea afectada.

Está compuesta por una base de cartílago que recubre dos huesos y una bolsa de líquido sinovial que actúa como lubricante y permite que las articulaciones resbalen una sobre otra.

Causas

Puede ser debido a la degeneración asociada a la edad que es conocido como artrosis. Por otro lado, también puede estar causado por procesos inflamatorios o infecciosos como por ejemplo la artritis y puede ser el resultado de infecciones, acumulaciones de ácido úrico o enfermedades autoinmunes como lupus, artritis reumatoide…

Síntomas

La clínica es muy variable en función de la causa, pero típicamente asocia dolor y limitación en la movilidad. En algunos casos y según la causa puede aparecer inflamación y rubor (color rojo), edema (tumefacción) y/o aumento del calor en las articulaciones.

No obstante, puede aparecer en una o varias articulaciones y de forma simétrica o no y variable o constante en el tiempo. Están especialmente predispuestas a sufrirlo articulaciones con gran movilidad como el hombro o que soportan pesos importantes y golpes repetidos como en la rodilla.

Diagnóstico

El diagnóstico está basado en las manifestaciones clínicas del paciente recogidas en una exhaustiva entrevista y exploración física por un especialista.

Además, puede ser necesaria una analítica para poder diagnosticar enfermedades reumatológicas y/o infecciosas.

También pueden ser de utilidad exploraciones complementarias como la ecografía, la resonancia magnética nuclear o la gammagrafía ósea.

Tratamiento

El tratamiento será dirigido a la afectación de base en el caso de que tuviera un tratamiento específico. Por otro lado, se facilitará tratamiento para el control del dolor con medicación analgésica y antiinflamatoria adecuada.

Existen otras terapias físicas que pueden ser de utilidad como la iontoforesis o los baños de parafina. En algunos casos también se puede valorar la realización de infiltraciones y otros tratamientos intervencionistas para su manejo.

Especial mención merece tratamientos como el ácido hialurónico que permite restaurar la función lubricante del líquido sinovial. También se pueden realizar infiltraciones con tratamientos biológicos que no solo mejoran la función y alivian el dolor, sino que hasta cierto grado tratan de recuperar las células dañadas.

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